HISTORIAS DE AMOR

Monday 11 de September del 2017

Autor

Andres Escobar

La relación entre el estomago y el corazón se define mejor desde el principio popular de “barriga llena corazón contento”. Una relación visceral, hedónica, uno de los hábitos que más nos hace felices. No importa que tengamos gustos particulares por algún tipo de comida, un buen amante a ella, siempre querrá probar cosas que le estallen el paladar de placer y al tiempo, llenen su corazón de gozo.

No hay placer más grande que comer, que hacerlo con ganas, con hambre, satisfacer un antojo… y qué mejor que hacerlo en pareja, o con amigos, pedir diferentes platos y probarlos todos; contar historias, recomendar lugares, recetas y sabores, recrear las texturas y que automáticamente se nos vuelva a hacer agua la boca de solo imaginar aquellos manjares que pasaron por nuestra boca.

Comer es un llenar el cuerpo de alegrías en porciones dosificadas; a diferentes velocidades, en momentos atemporales… mordisco a mordisco se disfruta, se vive, se siente, la vida es más feliz con una buena comida y ese recuerdo perdura más cuando viene acompañado de esas personas ó momentos que difícilmente se olvidan. Así como cuando por fin ella te dijo que sí esperando tu pedido en el Automac luego de que salieran de cine, ó esa noche que terminó con los mejores momentos de la fiesta pero en ese restaurante que abre 24 horas. ¿Te ha pasado?

En las buenas historias de amor siempre habrán comidas y en las buenas comidas siempre habrán historias de amor, por eso desarrollamos un relato gráfico con algunas de las situaciones en las que hay más o menos amor en el momento de la comida. Relatos llenos de humor picante, recreando situaciones cotidianas en las que el amor y la comida son uno solo.